Cómo actuar en mi día a día

¡NO ME OBEDECE EL CLIMA! ¿Por qué?

Por: Miguel Hernández

Parecería broma ¿no? Eso de querer controlar los fenómenos climatológicos es como aspirar al dominio de las lluvias de estrellas, de las explosiones solares, de mandar sobre los fenómenos estelares, volcánicos y hasta las circunstancias de vida con las personas. Es una búsqueda y espera infructuosa que nunca logrará satisfacerme.

Los fenómenos naturales simplemente suceden cuando las leyes naturales se conjuntan, fuera de mi control, lejos de mi invocación y sin posibilidad alguna de cumplir mi deseo. El clima obedece a una compleja interacción entre atmósfera, los océanos, la superficie terrestre, la vida en el planeta y el sol; y para su pronóstico, los meteorólogos consideran diversos factores como: latitud, altitud, relieve, corrientes marinas, distancia al mar y vientos.

La naturaleza ES y el ser humano forma parte de ella; somos nosotros quienes nos adaptamos a ella, quienes usamos tal o cual prenda dependiendo del clima, quienes nos ponemos bloqueador o sacamos el paraguas según sea necesario. Es cierto que el cambio climático es un fenómeno que ha cobrado gran importancia en los últimos años y, como seres humanos, debemos asumir la responsabilidad que nos corresponde en este desbalance por procesos de industrialización contaminante, quema de combustibles fósiles y deforestación que provocan gases de efecto invernadero y afectan nuestro entorno.

Nuestro error ha sido creer que la naturaleza debe obedecer a nuestros deseos y caprichos; en vez de comprender su grandeza y reconocer nuestro papel frente a ésta y su poder. No es lo mismo estar a cargo que imponernos; no es lo mismo gestionar los recursos que intentar controlar lo que escapa de nuestras manos.

En este mismo sentido, resulta una gran tentación buscar la obediencia de personas y circunstancias; es decir, creer que mi pareja, mis hijos, amigos o colegas deben actuar y reaccionar como espero que lo hagan; que las situaciones deben llevarse a cabo conforme a mis deseos y las circunstancias deben obedecer a mis anhelos… Nuevamente, es un tema de “control” que va más allá de nuestras posibilidades.

Desde el punto de vista humano, puede ser muy natural tener un deseo; pero, si no tenemos clara la línea entre lo que está en mis manos y lo que está fuera de mi control, la frustración, la insatisfacción y la molestia, serán parte de un círculo vicioso sin salida.

La intención de este artículo es poner en relieve la actuación humana ante lo incontrolable de la naturaleza; apoyar y lograr la reflexión personal para que cada quien descubra las luces y sombras de su actuar al respecto a sus expectativas vs el cumplimiento de éstas.

Ante esto, podemos sugerir trabajo y desarrollo personal, práctica de hábitos y valores que se conviertan en VIRTUD.

HUMILDAD
Reconocer y aceptar lo que soy. Es un ejercicio que nos pone en nuestro sitio con respecto a la grandeza y poder de la naturaleza y de la humanidad. Reconozco mis fortalezas y mis debilidades; aprovecho mis fortalezas para minimizar mis debilidades, no esconderlas sino hacerlas cada vez menos significativas en mí hasta erradicarlas. Humildad es saber lo que puedo y lo que no está en mí; es aceptar que no soy perfecto pero siempre puedo trabajar en ser mejor.

ADAPTABILIDAD
Capacidad de aceptar y moverme para obtener soluciones ante el cambio. Es estar del lado de las soluciones, no del problema; es aceptar la oportunidad de mejora ante el cambio. Peter M Sange nos dice que “La única constante es el cambio” y con ello promueve personas, empresas y gobiernos adaptativos para el éxito, la felicidad.

SABER OBSERVAR
Habilidades y destrezas que permiten leer el entorno, las circunstancias, las causas y las consecuencias para pensar, decir y actuar en consecuencia, con discernimiento y empatía. La observación es un estado de contemplación integral.

Podemos concluir que requerimos de la humildad que nos permita conocer nuestro lugar, adaptabilidad para solucionar la crisis y saber observar para anticipar, prever, preparar y minimizar daños ante los cambios…

Para finalizar, recordemos que hay un Dios que nos puede regalar aquello que le pedimos con fe… y no, no nos referimos a pedirle que llueva o que no llueva… sino a pedirle aquello que necesitamos realmente:

“… serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las cosas que puedo cambiar, y sabiduría para conocer la diferencia."

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