Cómo actuar en mi día a día

PRETEXTOS vs RESULTADOS.

Por: Miguel Hernández

En la vida todos hemos usado los famosos PRETEXTOS; quizás sin darnos cuenta pero con gran efectividad, para no hacer lo que nos propusimos o para no realizar la tarea obligatoria que nos corresponde hacer. “es que… no tengo tiempo, hace frío, hace calor, llueve, me siento mal, se me complica…”. Aunque bien sabemos que subyace el motivo verdadero: no quiero, no puedo, tengo flojera, no me gusta o ME HACE FALTA FUERZA DE VOLUNTAD.

El poder que le otorgamos a los pretextos es tan fuerte que evadimos, justificamos o, simplemente, no hacemos. Es clave entender que LA PALABRA tiene gran poder; nos impulsa o nos frena, nos genera o nos degenera futuros, evolucionamos o involucionamos. No se trata de lo que te dicen otros, sea para animarte o para desanimarte, sino de lo que te dices a ti mismo, de la conversación que mantienes contigo mismo, de los motivos que te das para hacer o para no hacer… Y, a resumidas cuentas, todos esos argumentos que te das para no hacer, o la falta de motivos para llevar a cabo aquello que te has propuesto o que es necesario… son PRETEXTOS.

Una simulación de nuestra falta de motivación interna es la postergación del acto; lo dejamos para mañana, para otro día o para al rato… y comúnmente queda en el olvido. Esto te lleva a la acumulación de pendientes, a esfuerzos cada vez más difíciles, al desánimo, y por tanto, a más pretextos para no hacer.

Otra vertiente de los pretextos se enfoca hacia la imposibilidad de “dejar de hacer¨ aquello que no es bueno para ti; es decir, un mal hábito o vicio, tal como: comer en exceso, dormir de más, ver demasiado el teléfono, etc. Lo cual resulta tan dañino como no hacer lo que sí es bueno para ti; pues además de ser negligentes con nuestra mejora personal, esto nos va generando culpa, recriminaciones hacia uno mismo, afectación en el estado de ánimo, frustración, deterioro en la voluntad y en el autoestima por la falta de LOGRO.

Parecen inofensivos los pretextos ¿cierto? Pero ya vemos que no lo son… ¿Para qué alimentar los “es que” que tanto nos limitan, pudiendo llevar a cabo y generar resultados que nos llenen de satisfacción? Entendamos que podemos tener pretextos o podemos tener resultados, pero difícilmente tendremos ambos… así que ¿qué prefieres? Es claro que lograr RESULTADOS es lo mejor, es lo que, de fondo, todos anhelamos… la clave está en decidir y ACTUAR… pero ¿cómo?

Es tiempo de tener una conversación con Dios y contigo mismo, para reencontrarte con tus propósitos, con aquello que requieres hacer y aquello que es necesario dejar de hacer por tu bien; recordando por qué y para qué, y visualizando lo que quieres lograr. También es sano reconocer esas debilidades que te han dificultado el proceso, así como las fortalezas que pueden hacerte crecer ante la debilidad y vencer cualquier obstáculo que se presente o pretexto que se cruce por la mente.

Recuerda el gran poder que tiene LA PALABRA y úsalo a tu favor: ¡Sí puedo! ¡Basta de pretextos! ¡Lo hago! ¡Soy capaz! ¡Tengo con qué! ¡Lo merezco! ¡Me amo! ¡Hoy sí! ¡Dios me sostiene! ¡Un paso a la vez! ¡El esfuerzo tiene su recompensa! ¡El esfuerzo de hoy es el logro y la satisfacción de mañana!

Tener propósito en la vida no es cosa menor, no tiene que ver con una simple “moda” al iniciar un nuevo año; tiene que ver con amor propio y con la posibilidad de ser mejor en cada oportunidad. Así que no desistas, retoma cada vez que sea necesario, haz, persevera y logra…

¡ELIGE TENER RESULTADOS! porque lo vales y lo mereces.

Video Postal 1 Postal 2 TOP TIPS


ir a secciones BLOG